viernes, marzo 1, 2024

La industria tiene claro cómo afectará Euro 7 al precio de los coches: 2.000 euros más caros para el consumidor

Luca de Meo, CEO de Renault, ha cogido las riendas de ACEA, la asociación europea de fabricantes de automóviles, relevando a Olivier Zipse, CEO de BMW. Y, en su primer discurso, ya ha asentado las bases de lo que nos encontraremos en un futuro: coches mucho más caros.

1.000 euros. Y el doble para los consumidores. Esto es lo que costará, según Luca de Meo, Euro 7 a los fabricantes. Un encarecimiento de 1.000 euros de media, según “los ingenieros consultados”, por cada vehículo fabricado. Un aumento en los costes que los consumidores también pagarán. El doble, concretamente.

El problema, según el nuevo presidente de ACEA, es que la compra de vehículos se reducirá entre un siete y un diez por ciento, optando los compradores por mantener sus vehículos durante una mayor cantidad de tiempo y por vehículos de segunda mano. “Los mercados están envejeciéndose en todos lados”, ha recalcado de Meo en su intervención.

Euro 7 como culpable. De Meo ha señalado a la futura normativa Euro 7 como la principal culpable de estos encarecimientos. Euro 7 tiene que entrar en vigor dentro de tres años, pero (aunque no hay nada aprobado) los límites esperados en materia de contaminación obligarán a grandes esfuerzos a las compañías a electrificar sus flotas.

Se espera que Euro 7 sea un primer paso para que los fabricantes salten al coche altamente electrificado. De hecho, antes de que sea definitivo en 2035, los coches europeos tendrán que consumir cifras ridículas de combustible, lo que solo deja espacio para los híbridos enchufables (y todo gracias a las peculiaridades del ciclo WLTP).

La misma historia. Escuchando las palabras de Luca de Meo, tenemos la sensación de asistir a la misma historia de los últimos años. Las normativas contaminantes explican en parte el encarecimiento que han experimentado los coches en los últimos siete u ocho años.

Por ello, el nuevo presidente de ACEA apuesta por otra estrategia: centrar los recursos para la adaptación de Euro 7 en desarrollar sistemas eléctricos para los vehículos y combustibles menos contaminantes. El problema es que algunas firmas ya han anunciado que con Euro 7 dejarían de invertir en motores de combustión.

Sin coches asequibles. De la falta de vehículos eléctricos y asequibles es algo que ya había avisado el propio de Meo como presidente de Renault. La compañía ha tenido que trocearse para enfrentar individualmente en cinco caminos los retos de la nueva movilidad. Entonces ya se avisó que que no se esperaba un coche pequeño y asequible de tecnología eléctrica a corto plazo.

En la misma línea se había expresado antes el Grupo Volkswagen, cuyo coche eléctrico por 20.000 euros ya empieza a ser una utopía. Además, los caminos de los fabricantes van directos a una polarización del mercado, con una menor oferta pero a un precio mucho mayor. Centrarse en los vehículos con mayor margen de beneficios ha sido una prioridad desde la llegada del coronavirus.

No estamos preparados. Según de Meo y, por tanto, según ACEA, en Europa no estamos preparados para saltar al coche eléctrico con la celeridad que se pide a los fabricantes. Además de Euro 7, los planes pasan por reducir el volumen de las emisiones contaminantes un 55% en 2030, antes de dar el salto definitivo a prohibir la venta de vehículos con motor de combustión en 2035.

Pero, según los fabricantes, apenas el 5% de las materiales que se utilizan en la fabricación de las baterías se obtienen en el continente. No es la primera vez que se habla de ello. La European Battery Alliance (EBA, por sus siglas en inglés) propone una inversión de 100.000 millones de euros para cubrir un déficit que se sitúa en los 66 GWh pero que aumentará hasta los 270 GWh, según Benchmark Mineral Intelligence.

Una pinza. De Meo también ha recalcado un problema del que los fabricantes llevan tiempo hablando. La apuesta de China por el coche eléctrico ha sido total en los últimos años y han tomado unas posiciones que les permiten tener derecho de veto a la hora de acceder a minerales y tierras raras clave para la producción de baterías.

Directivos, como Carlos Tavares, también se han mostrado favorables a imponer nuevos aranceles a los vehículos chinos, pues según el CEO de Stellantis no reciben el mismo trato que los fabricantes europeos en el país asiático.

A esto hay que tomar el rumbo que ha tomado el gobierno estadounidense con su Ley de Reducción de la Inflación. El Ejecutivo de Joe Biden ha apostado por ofrecer jugosos incentivos económicos a los fabricantes que produzcan, reciclen y desarrollen allí sus vehículos y baterías.

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