domingo, abril 21, 2024

Elon Musk ridiculizó el trabajo de un ex-empleado discapacitado. Ahora le debe (potencialmente) millones de dólares

Hace unos días, Harldur Thorleifsson (más conocido como ‘Halli’), que trabajaba para Twitter, trató de encender su ordenador para conectarse al trabajo. Aquello no funcionaba, y se enteró de que tanto él como otros 200 empleados de Twitter estaban afectados por el problema.

Halli —que sufre de distrofia muscular— supuso que había sido despedido, pero no estaba seguro y en el departamento de recursos humanos nadie le contestaba. Acabó tratando de contactar con Elon Musk a través de Twitter directamente, y aquello desembocó en el último de los escándalos protagonizados por el nuevo dueño de Twitter. Uno en el que ha tenido que disculparse porque ese despido en particular le iba a costar supuestamente 100 millones de dólares.

En 2014 Halli fundó una agencia de diseño creativo en Reykjavik llamada Ueno que fue adquirida por la empresa de Musk en enero de 2021. Al completarse esa adquisición este diseñador se convirtió en empleado a tiempo completo de Twitter, donde se le nombró director senior de diseño de producto de Twitter. En la BBC contaba cómo decidió vender por varias razones, “pero una de ellas es que tengo distrofia muscular y mi cuerpo está poco a poco fallándome”.

Sin embargo y como comentaba en un mensaje en Twitter mencionando a Elon Musk, su acceso a su puesto de trabajo había sido cortado y no sabía si estaba despedido o no. En la conversación con Musk Halli se mostró muy correcto, y le comentó si podría confirmarle qué pasaba.

Fue entonces cuando comenzó una singular conversación en la que Musk se mostró cortante al preguntarle qué trabajo había estado haciendo. Halli le contestó se lo explicó —tras pedir permiso previo por si violaba acuerdos de confidencialidad—  mientras Musk dudaba de los avances que Halli decía haber logrado.

Musk siguió manteniendo una actitud ofensiva y de burla, y de hecho contestaba a otros usuarios que habían debatido sobre el tema diciéndoles que no estaba trabajando en nada y que se excusaba en su discapacidad. Iba más allá y alegaba que “la razón por la que me confrontó en Twitter fue para lograr un enorme finiquito”.

Al ver ese mensaje sobre su discapacidad, Halli volvió a mencionar a Musk en un mensaje distinto en el que le agradecía su interés en su salud “pero ya que lo mencionas, quería darte algo más de información”. A partir de ahí, le explicó cómo le afectaba la distrofia muscular que sufría.

Halli seguía también la conversación en el hilo original con su tono correcto. Le comentaba a Musk que tenía todo el derecho a despedirle, “pero normalmente a la gente se le dice cuando eso pasa. Quizás con una carta o con algo”. En un mensaje posterior poco después confirmó que recibió la notificación de que había dejado de ser empleado de Twitter, y hacía la pregunta clave.

“¿Puedes asegurarte de que se me pague lo que se me debe?”

Y lo que se le debía a Halli era una cantidad enorme: según algunas fuentes, al despedirle se rompía el contrato de adquisición que implicaría que Twitter debería pagarle aproximadamente unos 100 millones de dólares.

A todas estas circunstancias se les unió que otros usuarios le indicaron a Elon Musk que Halli era un profesional excelente, algo que también validaban los elogios que le dedicó la prensa islandesa cuando vendió su empresa: cobró el precio de venta como salario, lo que implicó que pagara más impuestos que si hubiera aceptado el pago por otras vías. Para él era importante retribuir al sistema social islandés y a su sanidad y educación a través de esos impuestos.

Finalmente Elon Musk acabó contactando por videoconferencia con Halli para averiguar qué era real y qué no con esa historia. Eso le hizo darse cuenta de su error, y terminaba ese mensaje indicando que “es mejor hablar con la gente que comunicarse vía tuits”.

Poco después Elon Musk lanzaba un mensaje final de disculpa: “me gustaría pedir disculpas a Halli por mi malentendido con su situación. Se basó en cosas que me dijeron que no eran ciertas o, en algunos casos, ciertas, pero sin sentido. [Halli] Está considerando quedarse en Twitter”.

Quién te ha visto y quién te ve, Elon

La percepción de Elon Musk desde luego se está viendo muy afectada desde que se inició todo el culebrón de la adquisición de Twitter y sus posteriores medidas en la empresa. A los despidos y dimisiones masivas —que no paran y que son cada vez más polémicas— se le unieron todo tipo de decisiones erráticas como la que afectó al fiasco de las suscripciones con Twitter Blue

Desde su llegada a la dirección, la red social se ha comenzado a comportar peor, con caídas frecuentes que cada vez afectan a más áreas del servicio y con críticas constantes de recortes en el servicio tradicional con el objetivo de captar ingresos como sea.

Durante años Elon Musk ha sido toda una personalidad en el mundo de la tecnología por sus éxitos empresariales. Tras cofundar PayPal acabó creando SpaceX y Tesla y revolucionando dos segmentos que parecían inamovibles.

Mientras, eso sí, comenzaba a lanzar algunos proyectos como Boring Company, Neuralink, Starlink o Hyperloop con resultados irregulares junto a ideas locas como las del “lanzallamas” o la tabla de surf que se agotaron nada más ponerse a la venta.

Muchos calificaban entonces a Musk de ser una especie de Tony Stark del mundo real, pero la percepción fue virando gradualmente a medida que el multimillonario mostraba un comportamiento cada vez más errático y polémico. Por ejemplo con su promoción de criptomonedas como Dogecoin o la inversión que Tesla hizo en bitcoin.

Sin embargo ha sido todo lo ocurrido con Twitter —y, en especial, los escándalos con los despidos— lo que ha provocado un daño notable a su imagen. Eso se ha notado de hecho en su propia relevancia en Twitter: sus mensajes ya no aparecían tanto entre sus seguidores, lo que provocó que el propio Musk forzara esa relevancia (despido mediante) y fuera imposible escapar de sus tuits.

Queda por ver qué acaba pasando con la red social, pero lo cierto es que todos estos escándalos y problemas no ayudan a ser optimistas. Ni con Twitter, ni con un Elon Musk desatado y que ha entrado como elefante en cacharrería.

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