martes, marzo 5, 2024

Hermanos: novelas y cuentos

Terry Eagleton, el crítico inglés, argumentaba que había dos hilos conductores en la novela inglesa: estos hilos se tejían alrededor del dinero y del amor. Así de simple. Uno podía entender que en esta afirmación se estaba refiriendo al amor de pareja, daba a entender eso por lo menos. Ahora bien, siguiendo ese parámetro podemos permitirnos el desvío hacia parejas de hermanos en la novela y el cuento escritos en lengua inglesa. Recordemos algunos de ellos.

Frankenstein de Mary Shelley es también una novela epistolar. Robert Walton, el amigo de Victor Frankenstein, abre la novela con la primera carta dirigida a su hermana Margaret.

A la señora Saville, Inglaterra. San Petersburgo, 11 de diciembre de 17…
Te alegrarás de saber que ningún percance ha acompañado el comienzo de la empresa que tú contemplabas con tan malos presagios. Llegué aquí ayer, y mi primera obligación es tranquilizar a mi querida hermana sobre mi bienestar y comunicarle mi creciente confianza en el éxito de mi empresa. – navegar al Polo Norte-  …No pienso navegar hasta el mes de Junio; y en cuanto a mi regreso, querida hermana, ¿cómo responder a esta pregunta? Si tengo éxito, pasarán muchos, muchos meses, incluso años, antes de que tú y yo nos volvamos a encontrar. Si fracaso, me verás o muy pronto, o nunca. Hasta la vista, mi querida y excelente Margaret. Que el cielo te envíe todas las bendiciones y a mí me proteja para que pueda atestiguarte una y otra vez mi gratitud por todo tu amor y tu bondad.Tu afectuoso hermano, Robert Walton.

Cruzando el atlántico, el virginiano Edgar Allan Poe dio vida a sus Cuentos del Grotesco y del Arabesco. El más famoso sea quizás ese arabesco en el que el hermano gemelo pide ayuda un amigo para que venga a la mansión Usher a ver su hermana enferma. Ellos son nada más ni nada menos que Roderick y Madeline Usher. Películas y serie mediante, para algunos académicos ellos materializan fantásticamente el fin de un linaje.

En el siglo XX, Ernest Hemingway da a Nick Adams – quien será luego un ex combatiente de la primera guerra – una hermanita Littless de quien se despedirá en El último país que queda. Pero tal vez sean Scout y Jem, los hermanos en el ineludible clásico del Siglo XX estadounidense, Matar a un Ruiseñor, de Harper Lee, el cabal ejemplo de estas  parejas. Aunque también lo son Oscar y su hermana Lola, en La maravillosa vida breve de Oscar Wao de Junot Díaz.

Sería impertinente olvidarnos de esos dos hermanos que viven en una casa grande y que por extraños ruidos se van teniendo que achicar y desplazar hasta tener que salir de ella y tirar la llave para evitar que nadie se metiera a robar. “ Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura, pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina.

Almorzábamos a mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos pocos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por los bisabuelos en nuestra casa.” Casa tomada, Julio Cortázar.

por Elisa Salzmann

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