viernes, marzo 1, 2024

Jorge Ignacio García Cuerva: “El sistema punitivo capta a los más pobres, que son los que en general llenan las cárceles”

A los 49 años se convirtió en obispo y, a los 55, en el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina. Estudió filosofía, teología y derecho canónico, se transformó en abogado luego de ejercer la pastoral carcelaria y ser capellán en varios centros penitenciarios de la provincia de Buenos Aires; pero desde que recibió su ordenación sacerdotal en 1997, dedicó su vida a los pobres, principalmente en La Cava y el Talar de Pacheco.

Hubo algo de revuelo cuando fuiste nombrado por el Papa, arzobispo porteño, el mismo cargo que desempeñaba él. Se te acusó de peronista, de kirchnerista. ¿Por qué creés que causó tanta polémica? 
En la Misa en la Parroquia Nuestra Señora del Pilar, leíamos el Evangelio; justamente Jesús les pregunta a los discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del Hombre? ¿Quién dicen que es?”. Los discípulos responden: “Algunos dicen que sos Juan el Bautista, otros Elías o alguno de los profetas”. Después Jesús les pregunta: “¿Ustedes quién dicen que soy?”. Allí Pedro dice: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Seguramente Pedro sabe quién es Jesús porque venía compartiendo con él toda su vida, venía compartiendo las mesas, los momentos de oración, habrá sido testigo de los milagros de Jesús. De hecho, él fue también llamado directamente desde la orilla del agua a ser pescador de hombres. Creo que el conocimiento profundo de Jesús se lo daba el estar con él todos los días. Creo que de algún modo, cuando uno no tiene un conocimiento de otra persona más que lo que se pueda reducir a una foto o a un video editado, hace que uno tenga una mirada parcial sobre la otra persona. En esos días álgidos, alguien me dijo: “Tus viejos, tus hermanos, tus amigos de la vida, las comunidades donde fuiste párroco 20 años y la diócesis donde estuviste casi cinco años, sabemos quién sos, eso es lo importante”. Yo entiendo que la vida de nadie es una instantánea, una foto. La vida de todos es una película con final abierto. Así que yo lo que les pido a todos es que nos demos la posibilidad de conocernos. Al mismo tiempo, creo que tiene que ver también con las reacciones que estamos ya acostumbrados que haya hacia el papa Francisco. Entonces, indirectamente, también había como una molestia para con él. Pero insisto, creo que lo importante es conocer a las personas. Creo que, como digo, la vida de cualquiera de nosotros es una película con final abierto, y como me dijo Francisco en esos días: “Dios es más grande, no pierdas la paz y no pierdas el buen humor”. Es lo que traté de aplicar. 

¿Quién es Jorge Ignacio García Cuerva? 
Como digo siempre, creo me definen los vínculos. Primero soy hijo, tengo mis viejos que gracias a Dios están cerca. Soy el mayor de cinco hermanos. He tenido a mis abuelos hasta muy grande, hasta los 29 años tuve a los cuatro abuelos. Por eso a la gente le llama la atención que en las prédicas, en las homilías, refiero mucho a anécdotas con mis abuelos, todos ellos porteños, vivían en Belgrano los maternos, y en Caballito, y después en Boedo, mis abuelos paternos. Muy amiguero. Soy un agradecido a la vida por los amigos que tengo desde el secundario, la facultad, amigos curas, amigos de la vida que me fui haciendo en los años. Me entiendo siempre en relación con los vínculos. Soy un tipo muy transparente. Soy una persona que dice lo que piensa; a veces dicen que no es tan prudente o tan bueno hacerlo. Muy sensible. Yo sé disfrutar de reírme y también, a veces, de emocionarme fuerte. No quiero tampoco quitarle otro aspecto de lo que puedo ser, que es ser un tipo racional. Me gusta el estudio; la parte intelectual no dejo de cultivarla. También estaría bueno preguntarles a otros quién es Jorge.

Vamos a tratar en esta entrevista de entender quién es Jorge. 
Sí, me quiero definir desde los vínculos, y por supuesto, siendo un hombre de fe, soy un agradecido a Dios, primero porque me pensó, me creó y porque me regala la oportunidad de disfrutar de esta vida, que más allá de la cantidad de cosas difíciles que tiene, tiene un montón de cosas lindas. Así que soy un agradecido a Dios, que me llamó y desde mi pobreza…, como dice Pedro en la lectura: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Bueno, acá hay un pecador que se anima tímidamente a decirle al Señor que sí y a seguirlo. 

¿Quién es Jorge Ignacio García Cuerva? 
Como digo siempre, creo me definen los vínculos. Primero soy hijo, tengo mis viejos que gracias a Dios están cerca. Soy el mayor de cinco hermanos. He tenido a mis abuelos hasta muy grande, hasta los 29 años tuve a los cuatro abuelos. Por eso a la gente le llama la atención que en las prédicas, en las homilías, refiero mucho a anécdotas con mis abuelos, todos ellos porteños, vivían en Belgrano los maternos, y en Caballito, y después en Boedo, mis abuelos paternos. Muy amiguero. Soy un agradecido a la vida por los amigos que tengo desde el secundario, la facultad, amigos curas, amigos de la vida que me fui haciendo en los años. Me entiendo siempre en relación con los vínculos. Soy un tipo muy transparente. Soy una persona que dice lo que piensa; a veces dicen que no es tan prudente o tan bueno hacerlo. Muy sensible. Yo sé disfrutar de reírme y también, a veces, de emocionarme fuerte. No quiero tampoco quitarle otro aspecto de lo que puedo ser, que es ser un tipo racional. Me gusta el estudio; la parte intelectual no dejo de cultivarla. También estaría bueno preguntarles a otros quién es Jorge.

Vamos a tratar en esta entrevista de entender quién es Jorge. 
Sí, me quiero definir desde los vínculos, y por supuesto, siendo un hombre de fe, soy un agradecido a Dios, primero porque me pensó, me creó y porque me regala la oportunidad de disfrutar de esta vida, que más allá de la cantidad de cosas difíciles que tiene, tiene un montón de cosas lindas. Así que soy un agradecido a Dios, que me llamó y desde mi pobreza…, como dice Pedro en la lectura: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Bueno, acá hay un pecador que se anima tímidamente a decirle al Señor que sí y a seguirlo. 

Mencionaste a Enrique Shaw, se cumplieron 61 años de su fallecimiento. Francisco siempre abogó por su reconocimiento en todos los planos. ¿Demuestra esto que es una contradicción considerar a la Iglesia católica, y a Francisco en particular, contrarios a los empresarios, al capitalismo, aquella idea de que es más difícil que un rico entre al Reino de los cielos que un camello pase por el ojo de una aguja?
En realidad, me parece que sí, porque claramente lo que demuestra la figura de Enrique Shaw es de un cristiano comprometido y absolutamente coherente, que intentó vivir su fe en donde le tocó, siendo él un empresario y, por lo tanto, llevando a fondo las consecuencias del Evangelio y los principios de la doctrina social de la Iglesia. Se preocupó de sus obreros, quiso ser amigo de sus obreros, como monseñor de Derisi dijo en su funeral. Hay una cosa muy simbólica, pero al mismo tiempo muy expresiva, en sus últimos días necesitaba donantes de sangre y sus obreros fueron a donar, por eso se dice fue un empresario católico con sangre obrera. En realidad, lo que entendió era que había que buscar el bien común, y la idea es que seamos no todos cada vez más pobres, sino que vivamos en una sociedad justa, en la que lógicamente algunos tienen más recursos para compartir o invertir, y otros, fundamentalmente se desarrollan desde el trabajo, porque estamos hablando de sus obreros que trabajaban en sus empresas, en sus fábricas y que, por supuesto, se sentían también comprometidos en el éxito del resultado de ese trabajo. 

Hace unos días, en una misa que celebraste en la Plaza de la Constitución, advertiste sobre “algunos mensajes que asustan”, expresaste tu deseo de que los derechos sociales sean cada vez más. ¿Te preocupa que varios de los candidatos planteen una reducción de derechos en lugar de una ampliación? 
Quisiera poner el contexto en el que dije esto; cualquiera que hoy recorre en la Ciudad de Buenos Aires la zona de Constitución en cualquier hora del día, pero mucho más hacia el atardecer o la noche, sabe que nos estamos encontrando con lo que comúnmente decimos tierra de nadie. Muchísimo narcotráfico, mucha oferta sexual, muchísima gente en situación de calle, que es una manera elegante de decir gente que la está pariendo en la calle, porque realmente nadie puede vivir dignamente en la calle. Me parece que es el rostro de la Argentina que nos duele sin maquillaje, eso es Constitución, como seguramente un montón de otros lugares en la Ciudad, en el Conurbano y a lo largo y ancho del país. Allí me sentía, casi diría, en la obligación de decir: “Hermanos, hay tantos que la están pasando mal, hay tantos hermanos vulnerables, hay tantos hermanos que están sufriendo”. Con profundo dolor dije: “Por Dios, defendamos los derechos de los más pobres”. Pensemos en todos estos hermanos que alguna vez decía el documento de Aparecida, en el que el cardenal Bergoglio sabemos que tuvo mucha participación. Ese documento de los obispos en el año 2007, hermanos que son descartables y desechables, ya no solamente explotados, sino descartables y desechables. También tenemos que saber que son hermanos nuestros. No nos puede dar lo mismo que mueran, que no mueran, que tengan derechos, que no tengan derechos. Creo que para los que tratamos de estar cerca de la vida, de la realidad concreta, los que tomamos un colectivo o un subte, que tenemos vínculos con la gente, que no nos rodeamos de aplaudidores o de una corte, sabemos que nuestros hermanos más pobres tienen nombre y apellido. Para mí no son una cifra, no son un 42% de pobreza, son mucho más que eso. Cuando se habla de la reducción de derechos sociales o de los más pobres en términos solamente de cifras económicas, a mí me duele en el corazón, porque enseguida se me cruzan personas que he conocido a lo largo de mi vida, o estos últimos casos, de la misa de Constitución. Y uno dice, hermano, creo que tenemos que aprender a tener una expresión de Francisco: “Los pies en el barro y las manos en la carne del hermano que sufre”.

Dijiste: “Cuenten conmigo para lograr una presencia inteligente del Estado en favor de los sectores más vulnerables y más excluidos” en tu homilía más política. ¿Cuál es tu visión del rol del Estado y de la política? 
Yo creo que el Estado es importante que exista, porque justamente tiene que ver con el garantizar los derechos de los sectores más vulnerables, porque, si no, sería una tierra de nadie. El hombre es el lobo del hombre, y tenemos que advertirnos de esto. Al mismo tiempo, creo que la política, tal cual lo planteaba Pío XI y Francisco después lo ha rescatado, es la expresión más alta de la caridad. Yo creo en la política como el poder transformador de la vida de la gente, esto me parece que es así y que no podemos, más allá de las generaciones políticas que haya vivido cada uno de nosotros, desvirtuar lo que significa en sí mismo la política. Ahora, entiendo que tiene que haber una presencia inteligente y por eso decía así en aquella homilía, del Estado en los barrios. Qué quiere decir una presencia inteligente. Primero, que conozcan la realidad, que puedan, como decimos vulgarmente, patear los barrios, que sepan cuál es la demanda de la gente, que sepan que muchas veces la misma organización de la gente frente a las necesidades que tienen es lo que tiene que ser rescatado por el Estado y los gobiernos para replicar. A veces, lo que necesita la gente no son ideas nuevas, porque las ideas la gente las tiene, sino que lo que necesita es la estructura, los fondos o los recursos para poder llevar adelante sus políticas; eso es presencia inteligente. Es el Estado que se acerca con humildad a escuchar, es el Estado que se acerca con humildad a conocer. En ese sentido, creo que en los barrios la Iglesia, tiene una presencia capilar, la Iglesia católica, otras iglesias también, otras organizaciones. Podemos ser muchas veces el interlocutor para que el Estado llegue al barrio.

Dijiste: “Cuenten conmigo para lograr una presencia inteligente del Estado en favor de los sectores más vulnerables y más excluidos” en tu homilía más política. ¿Cuál es tu visión del rol del Estado y de la política?
Yo creo que el Estado es importante que exista, porque justamente tiene que ver con el garantizar los derechos de los sectores más vulnerables, porque, si no, sería una tierra de nadie. El hombre es el lobo del hombre, y tenemos que advertirnos de esto. Al mismo tiempo, creo que la política, tal cual lo planteaba Pío XI y Francisco después lo ha rescatado, es la expresión más alta de la caridad. Yo creo en la política como el poder transformador de la vida de la gente, esto me parece que es así y que no podemos, más allá de las generaciones políticas que haya vivido cada uno de nosotros, desvirtuar lo que significa en sí mismo la política. Ahora, entiendo que tiene que haber una presencia inteligente y por eso decía así en aquella homilía, del Estado en los barrios. Qué quiere decir una presencia inteligente. Primero, que conozcan la realidad, que puedan, como decimos vulgarmente, patear los barrios, que sepan cuál es la demanda de la gente, que sepan que muchas veces la misma organización de la gente frente a las necesidades que tienen es lo que tiene que ser rescatado por el Estado y los gobiernos para replicar. A veces, lo que necesita la gente no son ideas nuevas, porque las ideas la gente las tiene, sino que lo que necesita es la estructura, los fondos o los recursos para poder llevar adelante sus políticas; eso es presencia inteligente. Es el Estado que se acerca con humildad a escuchar, es el Estado que se acerca con humildad a conocer. En ese sentido, creo que en los barrios la Iglesia, tiene una presencia capilar, la Iglesia católica, otras iglesias también, otras organizaciones. Podemos ser muchas veces el interlocutor para que el Estado llegue al barrio.

Escuchá la entrevista completa en Radio Perfil.

por Jorge Fontevecchia

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