martes, mayo 28, 2024

Martín D’Alessandro: “La elección de las candidaturas es el principal motor y de todos los partidos políticos del mundo”

El politólogo analiza la polarización y confrontación en la política argentina, tanto dentro de las coaliciones como entre oposición y oficialismo. Dice que las democracias están en crisis y, sin embargo, el país “cumple 40 años y ha sobrevivido crisis muy difíciles”.

¿Las categorías lucha de clase o derecha e izquierda tienen puntos de coincidencia y/o dejaron de ser aplicables y se convirtieron en obsoletas?
Tienen puntos de coincidencia, por supuesto, porque la idea de derecha e izquierda se consolidó bajo la visión marxista, que supone que en toda sociedad hay una lucha de clases, la burguesía contra el proletariado, y que esa confrontación inevitable era el motor de la historia, por decirlo de alguna forma. De manera que la concepción marxista y la idea de que hay una izquierda con intereses muy contrapuestos a la derecha fue un poco el motor de la interpretación de la política durante por lo menos los últimos 150 años. Lógicamente, estas categorías empezaron a ser un poco cuestionadas porque las cosas fueron cambiando. Algunos sucesos muy imprevistos, como por ejemplo la caída del Muro de Berlín, cambió la forma de entender los posicionamientos políticos y la forma de entender la democracia. El futuro de la democracia… ¿hoy qué significa la democracia? No necesariamente eso quiere decir que las categorías de derecha e izquierda no sean más categorías útiles para entender la política. Al contrario, siguen siendo útiles, son lo más intuitivo y lo más evidente para tratar de identificar lo que ocurre en la política, que siempre es difícil de identificar. A eso se agrega que en América Latina esas categorías, desde hace muchos años, también fueron relativizadas como categorías para leer la política. Porque nunca ha habido movimientos obreros muy fuertes, partidos socialistas surgidos de esos movimientos obreros fuertes. Por lo tanto, las reivindicaciones de izquierda fueron más bien minoritarias. Las configuraciones políticas se dieron a partir de caudillismos, golpes de Estado. Por lo tanto, también habría que hacer algún asterisco para poder utilizarlas, pero no quiere decir que no se puedan utilizar. En los últimos años, además, como producto de la globalización, del corrimiento de la socialdemocracia europea hacia la izquierda, la tercera vía y una serie de acontecimientos políticos posteriores también debilitaron un poco las categorías. Lo mismo podríamos decir para el caso argentino, tiene utilidad pensar la política argentina en términos de derecha a izquierda, sí, pero de manera relativa.

El presidente del Partido Obrero, Gabriel Solano, planteaba que si tuviera que ubicar de derecha a izquierda, comenzando por la extrema derecha, colocaría a Milei, Bullrich, Larreta, Massa, Grabois y luego a la izquierda, que está dividida. Lo que no parecer responder con la lucha de clases, porque finalmente a la izquierda la va a votar cierta clase media progre, intelectuales, y no los obreros, que parte de los sectores de menores recursos pueden terminar votando a Milei, mientras una parte significativa de los empresarios no quiere votar a la extrema derecha y prefiere votar a Massa, que garantizaría la continuidad del “status quo”. De ser así, ¿se mostraría que entonces hubo una pérdida de la conciencia de clase o las categorías dejaron de funcionar?
Mi opinión sobre eso es que es un poco reduccionista suponer que inmediatamente una posición social, por ejemplo, ser obrero o comerciante, directamente lleva a las personas a votar hacia la izquierda o hacia la derecha. La política es bastante más compleja. Por supuesto que el análisis marxista es muy útil, pero hay algunos rincones o pliegues de la complejidad de la política que probablemente puedan captar menos que otros enfoques.

¿Hace cincuenta años la cuestión de clase definía más el voto que hoy?
Sí, por supuesto. La cuestión de clase definía mucho más. Y aunque no lo pensáramos en términos de clase, la posición social se definía más en términos culturales, por ejemplo, no necesariamente en términos de la cantidad de ingreso material de las personas. Sin embargo, para el caso argentino hay otras variables también. Esa es una variable útil, ubicar en términos ideológicos a la vieja usanza, en términos de derecha e izquierda, pero también podría pensarse… 

Alto, bajo. 
Por ejemplo, alto, bajo; peronismo, no peronismo; caudillismo, no caudillismo. Por lo tanto, es muy importante tener una primera visión, desde mi punto de vista, para leer, porque de lo que se trata es de comprender la información de la política, y lo que hacen los políticos siempre es muy difícil de entender y necesitamos categorías para tratar de decodificar eso. No es que podamos decir que hay una mirada que pueda explicar toda la política, pero lo que escriben los grandes maestros nos sirve para tratar de aprender aunque sea un poco. De manera que cuando los obreros no votan a la izquierda, quiere decir que están votando en contra de sus intereses, no sé si estoy de acuerdo. Cuando sectores empresarios votan a sectores de izquierda, al kirchnerismo por ejemplo, o al populismo, ¿eso quiere decir que en realidad están votando en contra de sus intereses?, a mí me cuesta creerlo. Más bien tiendo a pensar que la inmensa mayoría de los votantes sabe muy bien lo que vota. 

¿No coincidís con aquello que decía Cristina Kirchner de que la mayoría de los empresarios no votaban en función de sus intereses porque ganaban mucho más dinero con los gobiernos peronistas, pero después votaban gobiernos liberales?
No, por supuesto que no. Hay diferentes formas de actuación, participación o de persecución de sus propios intereses por parte de los empresarios, y el voto es solo una. Y la participación o la relación con los gobiernos o su propio posicionamiento dentro de los mercados en los que les interesa participar no necesariamente va de manera paralela, pero es entendible que un líder político lo ponga de esa forma. 

Otro de los temas es la diferencia entre voto y capacidad de protesta social. El presidente del Partido Obrero decía que ellos tienen más influencia que votos y se corroboraba cada vez que había elecciones. Que quien había ganado en las elecciones, y tras ellas instrumentaba algún cambio, como en Jujuy o como suponía que podía suceder el 10 de diciembre en Argentina si ganase Juntos por el Cambio, la protesta en la calle estaría dominada mayoritariamente por los sectores que tienen menor cantidad de votos. ¿Hay un problema de falta de representatividad electoral de esos sectores que tienen más capacidad de protesta en la calle? ¿Esos sectores protestan no votando y aumentando el ausentismo que se viene corroborando en las últimas elecciones?
No estoy tan seguro de que haya una relación directa entre esas variables, estos elementos, porque la protesta social no necesariamente va acompañada de un voto de protesta. Muchas veces puede ir perfectamente acompañada de un voto conservador, o incluso de derecha, un voto sesgado en función de los intereses organizacionales de los organizadores de la protesta. No quiere decir que todas las protestas estén manipuladas por sus líderes porque, en definitiva, cualquier acción social o una protesta popular también necesita de una organización. No es fácil. No hay una relación, un mecanismo directo entre malestar y protesta, entre malestar y ausentismo, o entre malestar y voto a la izquierda, por ejemplo, o a un partido de protesta de derecha, como podría llegar a entenderse que es La Libertad Avanza. Hay una cantidad de mecanismos de intermediación y de organización que también, por supuesto, inciden sobre el direccionamiento de ese voto. Por lo tanto, no estoy tan seguro de que haya allí una paradoja, sino unos pliegues en cómo se canaliza la protesta social, en comparación con el análisis de los resultados electorales. 

Escuchá la entrevista completa en Radio Perfil. 

por Jorge Fontevecchia

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