domingo, febrero 5, 2023

Eva Illouz: “No hay duda de que el capitalismo ha creado tipos de emociones como mercancías”

La socióloga y escritora franco-israelí es una de las grandes pensadoras del amor en el presente y la industria de la felicidad, la mercantilización de las emociones y lo que ella misma ha denominado como capitalismo afectivo. Lleva años diseccionando la experiencia amorosa en su cotejo con la vida emocional, la teoría crítica aplicada al arte y la cultura popular, el significado moral de la modernidad y el impacto del capitalismo en la esfera cultural.

Usted encuentra vínculo entre bienes materiales, emociones y relaciones humanas, ¿cuál es esa conexión y por qué elige una perspectiva económica o utiliza términos de la economía para pensar los vínculos y las emociones?
Hay una relación de varias maneras, en primer lugar, si piensas en la famosa pirámide de necesidades de Abraham Maslow, podemos decir que una vez que nuestras necesidades materiales están satisfechas, podemos pensar en necesidades mucho más emocionales. Así que esa es una forma en la que podemos pensar sobre la relación entre el crecimiento material y las emociones. Una segunda forma en la que podemos analizar eso es pensar en el amor romántico, solía ser una práctica en el hogar de la dama, el hombre cortejaba a la mujer dentro del hogar. Luego viene la cultura del consumo, el surgimiento de la esfera del ocio, el cine, los restaurantes, los salones de baile, etc., y las prácticas románticas. La forma en que las personas expresan el cortejo y las emociones cambia profundamente. Así que ese es otro ejemplo de las formas en que el capitalismo y la cultura del consumo realmente impactan en cómo las personas se conocen y lo que se dicen entre sí, lo que esperan de un encuentro y lo que solían esperar del cortejo: una propuesta de matrimonio. La industria del ocio cambia por completo esto, y se convierte en encuentros para el ocio. Permítanme darles un tercer ejemplo, que es el surgimiento de la psicología. La psicología y el psicoanálisis fueron un tremendo avance en la autocomprensión,  pero además, son servicios que se dan por dinero. Así que hemos sido testigos a lo largo del siglo XX de una extraordinaria expansión de una industria que nos invita a mirar nuestra vida interior, a mirar nuestras emociones y a cambiar nuestras emociones. Entonces, en ese sentido, esta es otra forma en la que podemos encontrar una conexión entre el crecimiento material y las emociones.

Usted escribió el libro “Cold Intimacies”, donde analiza los sitios de citas cuando aún no existía Tinder ni cualquiera de las apps que hoy existen, ¿qué encontró cuando revisitó 15 años después su propio trabajo?
Diría que las aplicaciones de citas se han convertido, mucho más que hace veinte años, en algo realmente común en la vida sexual romántica de las personas. Así que creo que podemos observar una expansión extraordinaria, no solo una expansión, sino también una banalización de estas aplicaciones. No significa necesariamente que las personas las encuentren más gratificantes hoy que antes. Quiero decir, hay una pequeña porción para la que las aplicaciones han tenido éxito, pero también hay un buen número, creo que probablemente la mayoría, para quienes las aplicaciones representan una especie de rotación muy alta de “parejas”. Estas personas que usan las aplicaciones realmente están cambiando de manera drástica sus patrones de citas en los que una rotación de encuentros, encontrándose con muchas personas, sin elegir, sintiéndose incluso agotados por el proceso de citarse con alguien. Entonces, diría que hay un desencanto aún más profundo en el proceso de citas, veinte años después. Diría también que una de las grandes innovaciones de Tinder fue haber hecho este proceso mucho más rápido, mucho más estandarizado y mucho más eficiente. La invención de Tinder fue este deslizamiento hacia la izquierda y hacia la derecha de la pantalla, y ese deslizamiento en realidad enfatiza la visualidad de los rasgos mucho más que el perfil, mucho más que las palabras. Y también hace todo este proceso de búsqueda de pareja, mucho más eficiente y mucho más rápido. Entonces, en cierto modo, realmente ha aumentado la rotación de parejas.

Utiliza el término “disrupción” para referirse a Tinder, dice que provocó una disrupción en las relaciones humanas, utilizando el término en el sentido del lenguaje de los negocios, que rompe con el patrón usual, e introduce innovaciones, ¿de qué manera atraviesa Tinder los encuentros íntimos?
Creo que Tinder debe ser visto como un actor en la creación de tipos específicos de relaciones, y como un reflejo de lo que sucede en las relaciones. Provoca una disrupción porque, en realidad, aumenta tanto el volumen de relaciones, que este volumen en sí mismo es casi propicio para la sociabilidad. Entonces hay una especie de afinidad entre la escasez y la posibilidad de crear una relación. Creas una relación también en el sentido de que esa relación es escasa, que no tienes la posibilidad de cambiarla, de tirarla. Tinder en realidad está interrumpiendo este principio de escasez de relación, así lo definiría.

Habla también de la ecología en las relaciones sexuales, dice que han cambiado drásticamente a través de la tecnología y el capitalismo, ¿cómo se dan esos cambios, cuáles son?
Una de las cosas más interesantes que han sucedido es el movimiento de liberación sexual, que tenía como objetivo liberar principalmente a las mujeres, pero también a los hombres. Por ejemplo, el imperativo de la virginidad, recuerda que una mujer que no era virgen a menudo se pensaba que estaba descalificada para el matrimonio. Después de la década de 1960, y cien años antes en los que las mujeres, los sexólogos, los psicoanalistas y los homosexuales habían tratado de hacer un cambio, de repente tienes esta explosión de sexualidad en la esfera pública y que también se manifiesta en las prácticas sexuales. Ahora puedes tener varias parejas en la vida, varias parejas sexuales, y puedes tener eso legítimamente. Lo que pasa, sin embargo, es que este cambio político es también algo que la cultura de consumo, especialmente la cultura del cine la publicidad y la televisión, va a utilizar mucho para que ese cuerpo que se libera y se emancipa políticamente se recupere casi inmediatamente, por las películas y por la publicidad, como un cuerpo sexual comercializado. Y tienes los dos movimientos a la vez. Esto es lo que me interesaba entender, especialmente desde un punto de vista feminista, cómo se podían hacer los dos procesos al mismo tiempo. Es decir, por un lado, ser políticamente más iguales a los hombres y menos dependientes de las prohibiciones patriarcales de la Iglesia, por un lado, y sin embargo, ser recuperados y disciplinados de alguna manera por las industrias de la cultura por otro lado. Y por tener un cuerpo altamente sexualizado, que es, creo, uno de los rasgos definitorios de la feminidad contemporánea.

Escuchá la entrevista completa en Radio Perfil FM 101.9.

por Jorge Fontevecchia

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